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Mudo. Persistente. Llegas cuando menos te espero, taladrando la noche con el arte de un orfebre. No entiendes de fronteras, murallas ni puentes levadizos. No te pierdes. Parecieras tener la brújula que te conduce directo allí, en donde nacen mis temores. Como un manto de terciopelo negro me cubres, te llevas el aire y me envuelves casi asfixiada en los rincones más remotos de mi alma. Algunos te llaman duda, yo te llamo miedo.